Esta foto la tomé la semana pasada en el jardín de mi casa, me sorprendió el ver esa flor ahí por la mañana ya que una noche antes no existía. Si les dijera que a mi regreso esperaba verla todavía ahí, seria un mentiroso, ya sabía que su fragilidad era grande y al estar sola y sin cuidados eran menos las posibilidades de supervivencia. LLegué y efectivamente la flor no estaba.
Recuerdo como hace un par de años mi relación con Dios estaba en lo que yo creí era su máximo punto y de pronto un día, tal y como apareció esa flor, experimentaba lo que nunca antes había experimentado, no solo sabía que la presencia de Dios estaba ahí, sino que podía sentirla.
Un día, sin embargo, esto termino, la flor se fue, y aunque sabía que Dios estaba siempre ahí no podía sentirlo igual, descuide mi comunión, deje de orar y mi biblia se empolvó en una esquina.
Doy gracias a Dios de que el día de hoy no estoy en la misma situación que entonces, y aunque no puedo decir que me doy el tiempo necesario todos los días, me siento mucho mejor porque sé que dentro de mi corazón existe el deseo de seguir buscando su presencia que puedo sentir y ver en a través de tantas bendiciones que el me da.
Quizá algún día regrese una flor a mí jardín, pero sé que Dios nunca se irá de mi vida.